Sábado , 19 enero 2019

El derribo

Definitivamente, la política se ha convertido en una empresa de derribos. No está mal. Las urnas se inventaron, entre otras cosas, para que el poder pudiera cambiar de manos de forma incruenta. Para cargarse a Rajoy, Sánchez se lió la manta a la cabeza y buscó alianzas indeseables. Pesaba más el enemigo común que el proyecto compartido. En Andalucía, con actores muy distintos, ha pasado algo parecido. La prioridad de retirar de la circulación al PSOE, después de 36 años de mangoneo hegemónico, ha hecho posible que tres partidos que se odian entre sí se hayan puesto de acuerdo en la demolición de Susana Díaz.

El problema es que los ciudadanos esperan de sus políticos algo más que la habilidad en el uso de la guadaña. Si lo nuevo no es mejor que lo antiguo, la decepción acaba por imponerse más pronto que tarde y los verdugos se convierten en víctimas. Véase, si no, la experiencia sanchista. Hace seis meses que asaltaron La Moncloa mediante una moción de censura y ya van como San Lamberto, con la cabeza cortada en su regazo, sin saber que están mu

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